miércoles, 16 de marzo de 2016

Diario Comunal 325

Toda verdad es cuestionable, entonces ¿existe la verdad?


No cabe duda de que vivimos la era de la confusión. Nadie cree en nadie. Antes creíamos en nuestros padres, su palabra era ley para nuestro comportamiento, pero aclaremos, éramos más obedientes. Hoy, creer en los padres, no es más que una broma, guardando las distancias entre las familias que viven en el campo de la que viven en la ciudad. Antes los curas eran una verdad incuestionable, hoy son motivo de sorna, burla y hasta groserías, ya ni al Papa de Roma, se le cree. Antes los maestros brillaban con sus discursos, ahora, el estudiante solo espera la hora para irse de pachanga con los cuates, con la novia, o con los amigos de la calle, para hacer...no sé qué cosa. Antes los libros, decían cosas interesantes, ahora aburren a sus primeras líneas, las bibliotecas son nidos de pájaros, pero no de lectores. Leer a Galeano o a García Márquez, es un acto irreverente, ya ni las revistas de monitos atraen. Ante se escuchaban "Chucho el roto", o "Kalimán", ahora por celular hasta a el "Chapo" se le puede retar. Antes, íbamos al cine, ahora hacemos las nuestras. Antes había interés por escuchar a un funcionario, ahora, no hay quien salga de una asamblea, con rechiflas, y mentadas de madre. Antes los pintores apantallaban, en los museos, ahora los grafiteros nos resultan más interesantes. Antes se creía en leyes, en reformas, en cámaras, ahora, faltan groserías para adornarlas. Ya nadie cree en nada. 
Cabe preguntarse, ¿entonces, ahora qué hacemos? Existe la verdad. Pues con todo lo que hemos anotado, pareciera que nadie, podría afirmar que existe una verdad. Vale entonces, preguntarnos, ¿qué es una verdad?
Nosotros hemos llegado a la conclusión, de que una verdad se construye en colectivo, responde a las capacidades, necesidades, y personalidad de ese colectivo. Pero esta verdad tiene su tiempo y su espacio. Es decir, será verdad, en la medida que un número específico de personas crean en el acuerdo que han tomado, verdad que ese colectivo ha de cambiar, según el tiempo y sus condicionantes. Por ello no debe de extrañarnos, que una verdad gubernamental sea tan solo acuerdo de un grupo de personas, y de que esto, no sea verdad para quienes no participan de la componenda. Esto significa que ¿hay verdades malas y otras buenas?, también esto es relativo, porque lo bueno para un colectivo, es malo para otro y viceversa, pero esa su verdad, es temporal y acordada, que tendrá un espacio y tiempo concreto.
Con todo esto reconocemos que no puede haber verdades generales, o universales, una cosa es la ciencia, la vida rebasa todo parámetro. 
Al final, podríamos afirmar, que la vida se nos presenta como un duelo de verdades, Peña Nieto, tiene la suyas, Los narcos tienen la suya, nosotros tenemos las nuestras, en fin, todos tenemos verdades, que construimos según el contexto y nuestro tiempo. Entonces ¿a quién creerle? a nadie, a los integrantes de tu colectivo respectivo únicamente. No queda de otra, pues ahora, ni la radio, ni la televisión, ni la prensa, ni el internet, ni el celular, son creíbles. Hasta nuestra propia verdad deja de valer, ¿porque?, porque las decimos de acuerdo al contexto que vivimos. ¿Qué hay que hacer? pos nada, sino simplemente construir colectivamente, en tiempo y espacio, nuestra verdad. 

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