lunes, 21 de julio de 2014

Diario Comunal 273: Todo empezó en casa de la niña, única mujer que terminaba la primaria.


Festejar dos celebraciones no es común. Y menos en aquella comunidad habitada por 250 personas. Nos invitaron lo usual, barbacoa de chivo, con su respectivo caldo de panza. En la escuela todo era movimiento. La maestra, corría de un lado a otro. Todo tenía que estar en su sitio. Los adornos, los arreglos, los invitados, los padres de familia, esmerados en su arreglo, el Agente con su bastón representativo, y esmerado porque no faltaran los asientos, el sonido que ya lucia sus rolas al viento. 

Jose era el único varón que terminaba la primaria, lucía serio saco y corbata, con, zapatos recién comprados, destilaba una sonrisa tímida, muestra de asombro ante lo que sus ojos miraban. Sus padrinos orgullosos portaban ramillete de flores, y un enorme regalo clásicamente adornado. 
Todo estaba por empezar. La maestra toma el micrófono y da inicio la clausura largamente imaginada, su hora había llegado. 
10 niños conformaban aquella escuela, eran cuatro los integrantes de cada escolta, una trasmitió el resguardo a la otra.
Los honores a la bandera fueron cantados por niños, padres y padrinos. Todos fueron una sola voz. Empezaron los discursos, la Misma maestra anunciaba su discurso, continuaron, el Agente, el presidente de los padres de familia, se hicieron los reconocimientos, se agradeció a los emigrantes, a la caja popular, al molino popular, a la agencia municipal, a todos, nadie faltó.
Empezaron los bailes, todas las mujeres a ritmo de cumbia se lanzaron a festejar la terminación de aquel ciclo, que reunió a todos para dignificar su propio trabajo y tenacidad que se concretada EN Natalia y José , pero llegó lo terrible, lo doloroso, el adiós. 
En palabras de Natalia, el llanto brotó de todos, niños, padres y padrinos, maestra e invitados rompieron una lágrima colectiva, por los que ya no estarían en los próximos días alegrando con su vida aquella escuela, que a un par de jóvenes les entregaba su melancolía. 
Cualquiera afirmaría, tanta cosa por un par de nuevos emigrantes. Si, todo por un par que para la comunidad es el futuro, su cuerpo y su alegría. Que los burócratas sigan medrando las lágrimas de un pueblo que encuentra en su unidad y en su trabajo, la respuesta para seguir vistiendo Natalias y joses, para cimentar su existencia.

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