martes, 20 de mayo de 2014

Diario Comunal 258: ¿Quien no se ha enamorado de una educadora?.


Cuando uno nace, se enamora uno de la primera, la que nos alimenta, nos da cobijo, nos empieza a hablar. Luego, uno se enamora de la segunda, la que no da firmeza al caminar, la Madre Tierra, con sus piedras que nos hace tropezar. Luego, llega la tercera, la que se burla de uno y huye despavorida, sin dejar de carcajear, pero llega la cuarta, la que nos da miedo, la que hace aferrarnos de las manos de la primera para no soltar a llorar, ella, la que nos mira, o con dureza o con mucha ternura, la que nos invita a pasar y a sentarnos a lado de todo el chamaquerío con quien hemos de jugar. Después de varios años, llega la quinta, la que nos quita el sueño, la que nos hace andar por la noche, tratando de cantar, la que nos enseña a construir, en cada nota un nuevo sueño en que anidar. Uno cree que ya han pasado todas, que ya ninguna educadora llegará, es entonces cuando aparece la sexta, la que carga un hijo a sus espaldas, y canta con los demás, la que pone linda la casa y llena de flores y de sensualidad, tiempo más tarde llega otra, con el cabello encanecido, llevando en brazos al nieto que ha nacido, en aquel sitio en aquel lugar, la educadora más firme, que no repara en señalarnos los defectos, de ser lo que somos, todavía niños que han crecido a lado de tantas educadoras, que no paran de cantar.
Siete educadoras, este parece un cuento de nunca acabar, pero por ser este su día, nosotros aquí, les hemos venido a cantar, las tardecitas, porque somos rete flojos para mañanear. Solo les recordamos, que un verdadero cambio educativo, irá de la mano de la educadoras de este andar, porque son ellas las que siembran la esperanza de un mundo nuevo, que todos debemos de trabajar. Sirvan pues estas tardecitas, para recordarle a toda educadora, que su lucha no será de un día, sino de una eternidad. #tioyim

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