lunes, 19 de mayo de 2014

Diario Comunal 172: De cómo razonar y enseñarnos desde lo comunitario.

El primer reto es trascender el concepto de indígena. Los que nos han querido desaparecer, porque somos obstáculo para el desarrollo moderno, nos llaman indígenas. Los que admiran nuestra exposiciones culturales y desean nuestro bienestar, también nos dicen indígenas. Los que aspiran al poder o a situaciones de respeto o privilegio, asumen dignamente ser indígenas. Los que se sienten discriminados, excluidos, ocultados e irrespetados dicen, "es que soy indígena". De una u otra manera lo indígena, fundamentado en el uso de una lengua específica diferente al español, es conceptuado como indígena. Sin embargo la gran mayoría se asume de la región de la que proviene y se autodenomina según la lengua primera que le enseñan en el hogar. Hay zapotecos del istmo, del valle, de la sierra, como mixtecos de la alta, de la baja, lo mismo ayuuk, del alto, del medio, del bajo, etc. Pero dentro de esta gran diversidad lingüística y cultural, existe un común denominador a todos o todas; lo comunitario. De ahí que el plan de transformación educativa, por el que pugnan los maestros, centre su atención en el concepto Comunalidad.
Esto significa que en toda región, sus propuesta educativa estará engarzada umbilicalmente a lo comunitario. Y en esto radica la cuestión, porque el programa de estudios de educación básica, que está centrada en el estudiante, pero que además, abre la puerta para el diseño de currículas propias en regiones indígenas, nos lleva a reconocer que los comunitarios no tenemos una reconocida y propia, manera de razonar o pensar. Han sido, tanto el empeño desde la colonia, de forjarnos una mentalidad liberal, que no tenemos las herramientas filosóficas para pensar desde nuestro propio ser, desde nuestro contexto. La filosofía occidental nos ha emborrachado o mareado con sus argumentos. Ha tenido la lecto-escritura como arma central, nosotros nos hemos mantenido gracias a la oralidad-imagen.
La primera cosa a eliminar en una educación propia es el poder, la comunidad erige autoridad, no poder, y esto debe empezar desde la escuela, el maestro debe ser autoridad, no el poder, esto cambia radicalmente el rol del profesor, lo hace hermano mayor del alumnado, no el conocimiento, no el poder.
La autoridad se ejerce desde el saber o el conocimiento comunitario. Por ello afirmamos, que nuestro destino es hacer de la escuela una comunidad y de la comunidad una escuela.
Esto en esencia significa cambiar, de tener al estudiante como centro de atención para tener como centro de atención a la comunidad. Es otras palabras esto significa ver el todo, no quedarnos en las partes, el todo es la comunidad, la parte es el estudiante. Hacer comunidad es la pedagogía necesaria, su didáctica vivir la comunidad, su filosofía la comunalidad.

La única manera de preservar las lenguas propias, es usándolas en todo. Por ello los maestros hablantes de una lengua propia, deben estar donde se use su variante, no en otra región ni en la ciudad, En el mismo sentido el maestro mínimamente debe de estar tres años residiendo una comunidad, sea esta rural o urbana. Pero lo básico es que los maestros reconozcan su razonar, su propia y verdadera forma de vivir, y esta la conviertan, no sólo en su filosofía, sino en su actuar y soñar.

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